…y se
derramó el café
Autor: Mario José Lozano Madrid
Una taza de café por la mañana
después de despedazar el sueño toda la noche,
dos, tres plumazos sobre el papel
¡vaya! Dibujé tu sonrisa con mis palabras
¡sin querer!
Mis dedos agarrotados como el mármol
en la puerta de nuestra casa,
¡lo olvidaba! ¡no tenemos mármol,
tampoco tenemos casa!
Y el café se ha derramado
al romperse la taza.
Me es tan difícil escribir
que siento hasta el pensamiento
de mis manos tiesos
por la maldita artritis
que me agobia.
Pero créeme, el café
no tiene la culpa…
que se haya derramado.
Así como la rivera de los ríos se desborda,
en la nostalgia sucumbe la alegría,
y la lástima es mi pan de cada día,
así mi espíritu se espanta,
así la enfermedad crece día a día.
Te acaban los años,
se acerca la muerte,
y antes de celebrarlo, un cumpleaños
es la meta rupestre.
Pero créeme, el café
no tiene la culpa…
que se haya derramado.
Los cabellos blancos
la mirada serena,
un carácter fuerte
y una paciencia eterna,
te dejan los tratos de la vida,
unas veces triste y otras alegres,
esperando, si no te sorprende, la muerte.
También la nostalgia por el que se va,
y la tristeza por el que se queda,
una mirada ida por los barrotes
de las ventanas,
nos atraen los recuerdos,
y la añoranza del pasado.
Pero créeme, el café
no tiene la culpa…
que se haya derramado.
¿Qué si cometí errores?
Por montones pecados,
ahí supe que vivía
cuando trataba de enmendarlos.
¿Qué si acerté muchas veces?
Pocas, traté de hacerlo bien,
ahí supe que tenía amigos
te imaginarás cuantos.
Pero créeme, el café
no tiene la culpa…
que se haya derramado.
Sólo me queda el recuerdo
de aquella taza de café derramada,
no sabiendo si lo hice bien o mal
cuando casi a la sepultura voy,
y la musa envejeció conmigo.
¡ah, mi amada!
Sólo me queda el recuerdo
de que tuve la fortuna,
de tener una vida,
¡una vida! Como ninguna.
Pero créanme, el café
no tiene la culpa
que se haya
derramado.
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